La partitura de lo invisible

Iniciamos una nueva etapa en Dos Ajolotes.
A la espera de poder tener nuestra galería funcionando a pleno rendimiento ponemos en marcha el escaparate de la librería Polledo, un espacio expositivo que esperamos sea un referente en el arte de Oviedo.
Y para estrenar este espacio contamos con la obra de Marga Sancho, que nos presenta «la partitura de lo invisible».

La obra de Marga Sancho (Oviedo, 1946) siempre ha sido un ejercicio de catarsis personal, un refugio donde el subjetivismo y la emoción desbordan los límites del taller para comunicarse con el espectador de manera insobornable.

En esta nueva etapa en el Espacio de arte Dos Ajolotes, la artista depura su densa trayectoria que abarca desde el tactilismo de sus inicios escultóricos hasta sus célebres “monstruos” y sus paisajes mentales, para ofrecernos una síntesis donde la materia parece vibrar con una nueva energía.

Cerebros conectados: La red del pensamiento

La obra de fondo blanco preside esta selección bajo el concepto de cerebros conectados. En esta pieza, el vacío del lienzo se convierte en un campo de resonancia para formas orgánicas que parecen expandirse y entrelazarse.

Sancho utiliza estas estructuras como «productos de su mente», vehículos para penetrar en la psique humana y explorar la comunicación emocional a través de texturas y colores primordiales. El contraste del negro sobre el blanco, acentuado por destellos de amarillo y rojo, captura ese instante vertiginoso donde las ideas cobran forma antes de dispersarse.

Movimiento de danza y Notas musicales: El signo en libertad y Una partitura visual

En las piezas de fondo negro, la artista nos sumerge en un espacio ritual de aura profunda. El espectador se encuentra frente a dos movimientos circulares que pueden ser el signo de cuerpos en libertad, junto a una auténtica partitura visual: líneas rítmicas y puntos de luz (amarillos y rojos) que atraviesan la oscuridad como notas musicales en un pentagrama invisible.

Esta composición resuena con la filosofía de la propia artista, quien afirma que cada creador debe, ante todo, «tocar su propia partitura» al enfrentarse al lienzo. Es una sinfonía de gestos rápidos y colores vibrantes que invitan a completar la melodía con la propia imaginación.

En esta espléndida madurez de síntesis, Marga Sancho nos ofrece una obra que busca la belleza de lo auténtico, recordándonos que, aunque el arte no puede atrapar la realidad por completo, sí puede capturar el latido de su movimiento y la conexión profunda de nuestras mentes.

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